La Virgen del Carmen en Puerto Rico: Punta Santiago (Segunda Parte)

por: Fabiola Enríquez

La Virgen del Carmen figura como una de las imágnes más talladas entre los santeros puertorriqueños. Esta representación del siglo XIX, tallada por Francisco Rivera, quien según el Museo de los Santos es uno de nuestros santeros más antiguos, debe asemejarse a la imagen que los pobladores de Punta Santiago tenían en su ermita. Imagen tomada de http://museodelossantos.com/Santeros/Rivera_Francisco.html

La Virgen del Carmen figura como una de las imágenes más talladas entre los santeros puertorriqueños. Esta representación del siglo XIX, tallada por Francisco Rivera, quien según el Museo de los Santos es uno de nuestros santeros más antiguos, debe asemejarse a la imagen que los pobladores de Punta Santiago tenían en su ermita.
Imagen tomada de http://museodelossantos.com/Santeros/Rivera_Francisco.html

La devoción a la Virgen del Carmen se ha llevado sobre los hombros de personas como Santiago y Miguel, los protagonistas del pasado escrito, quienes la veneraban a pesar del decreto oficial que ponía a la Virgen del Carmen en manos de las monjas carmelitas. Inspiradas por la misma devoción, estas personas se encontraron y se organizaron en cofradías; asociaciones laicas que compartían la adoración del mismo santo. Estas cofradías se inscribían bajo una parroquia que utilizaban como sede, pero no mucho más que eso. La cofradía era la responsable por organizar y pagar la festividad de su santo. El cura de la parroquia anunciaba y oficiaba la misa, pero la fiesta no dejaba de ser para los cófrades; una íntima celebración para aquellos que conocían al santo de primera mano, aquellas personas que le dedicaban sus vidas en una labor de amor. La presencia de cofradías en honor a la Virgen del Carmen es una constante en las correspondencias parroquiales a lo largo del siglo XIX. Los cófrades de la Virgen del Carmen actuaban como toda otra cofradía: atendían a la catequesis, celebraban su fiesta, organizaban su procesión y rezaban sus novenas. La mayoría se encontraban en pueblos costeros, sus miembros personas con oficios de mar, congregaciones que crecieron lo suficiente como para pedir sus propias capillas. Los devotos a la Virgen del Carmen no eran religiosos, eran personas sencillas, trabajando alrededor de la Iglesia para asegurar el favor que le debían a su santa, aferrándose a la figura que les brindaba cohesión y serenidad más allá de la liturgia. Construyeron ermitas con su imagen mucho antes de que pidieran capillas en su honor.

Este es el caso de los pobladores del barrio Punta Santiago en Humacao, quienes no esperaron permiso para construir la ermita donde velarían a la Virgen del Carmen. La correspondencia parroquial del pueblo desde las décadas de 1860 a 1890 enseña casi tres décadas de pedidos e intentos por establecer una parroquia en la playa.[1] Cansados de tanta espera, los pescadores de Punta Santiago se encargaron de asegurar el culto a su santa. Junto a una ermita en la playa, los habitantes del poblado velaban por igual a la Virgen del Carmen y la Virgen de la Merced; esta última como imagen donada por la devoción personal de un hacendado del área.[2]

La tarde del 18 de noviembre de 1867 la ermita de las dos vírgenes se vio atacada por un terremoto y subsiguiente golpe de agua que ahuyentó a la gente de la playa hacia el pueblo, temerosas de una segunda retirada del mar. Urgiéndoles que regresaran a sus hogares, el cura del pueblo rescató la imagen de la Virgen de la Merced, mostrándola a su gente. Los vecinos de Punta Santiago siguieron al cura que aguantaba la imagen, regresando a sus casas en procesión con la Virgen. No sabemos qué le pasó a la imagen de la Virgen del Carmen durante el terremoto, pero sabemos que la nueva ermita se inauguró con la festividad en su honor.La parroquia del barrio Punta Santiago es aún la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen.

La Virgen del Carmen no está en los libros ni en los altares, sino en las historias personales de sus devotos. Son las personas que fueron sus monaguillos, que vistieron de marineros en su procesión y que crecieron con su imagen en la casa. Sean parte de una cofradía o individuos que se han encomendado a ella a través de su vida, le deben su favor. Así como los morenos Santiago y Miguel retaron el decreto oficial, no necesitabas tener un papel de la Iglesia para bautizarte bajo esta particular devoción. La Virgen del Carmen era tu patrona personal, más allá del altar, caminaba contigo. Las monjas en su convento podían vestirse de crema y de marrón, conocer su salve de principio a fin, pero no trabajaban con ella. Ha sido el pueblo quien ha cargado con la Virgen del Carmen.

Nota: Este escrito es el segundo de una serie de escritos sobre la Virgen del Carmen, aclamada patrona de las gentes de mar. El mismo es producto de una jornada de investigación realizada el verano pasado entre visitas al Archivo Histórico Arquidiocesano y trabajo de campo, persiguiendo a la Virgen del Carmen en sus viajes por el litoral puertorriqueño durante su fiesta, celebrada alrededor de la Isla durante el mes de julio. Lo que comenzó como una búsqueda de sus apariciones terminó siendo una conmovedora colección de historias de vidas; la recolección de los lazos entre la Virgen del Carmen y sus seguidores a través de la historia.

Una bibliografía completa y anotada de los trabajos revisados para la redacción de esta serie se encuentra en el archivo del Centro Interdisciplinario de Estudios del Litoral en Mayagüez, Puerto Rico. Una copia electrónica de la misma le puede ser enviada, si así lo desea.

Favor de escribir a fabiola.enriquez@upr.edu


[1] Archivo Histórico Arquidiocesano de San Juan. Fondo Correspondencia del Párroco al Obispo. Pueblo: Humacao. Caja: G-23.

[2] Archivo Histórico Arquidiocesano de San Juan. Fondo Correspondencia del Párroco al Obispo. Caja:G-23, 1894. Carta narra cómo en el año 1876: “…fue destruida por el temporal una pequeña ermita que los vecinos de aquel poblado (entonces bastante más próspero) para celebrar a cubierto las fiestas de Nuestra Señora del Carmen, devoción de los marinos, y Nuestra Señora de la Merced, devoción de un hacendado próximo a la playa y unos y otros regalaron dos pequeñas imágenes para los respectivos cultos”.

Entiendo que la hacienda que se referencia es la Central Mercedita en Yabucoa. Este es el nombre que aparece en el listado de haciendas puertorriqueñas nombradas por devociones marianas en el libro Quinientos años de la mano de María. (Haydée E. Reichard de Cancio,  Quinientos años de la mano de María.  San Juan, Puerto Rico: Editorial Tiempo Nuevo, 1988, p. 206.)

Nuestra Señora de la Merced es la patrona oficial de Barcelona, sugiriendo que el mencionado hacendado fuese de ascendencia catalana.

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