La Virgen del Carmen en Puerto Rico: Santiago y Miguel (Primera Parte)

por Fabiola Enríquez

Cuadro del pintor puertorriqueño José Campeche, terminado casi cien años antes que la petición de Santiago y Miguel, evidencia el temprano arraigo de esta particular devoción en el pueblo puertorriqueño.

Cuadro del pintor puertorriqueño José Campeche, terminado casi cien años antes que la petición de Santiago y Miguel, evidencia el temprano arraigo de esta particular devoción en el pueblo puertorriqueño.

Es octubre de 1863. Los morenos Santiago Biñon y Miguel Ponnata piden permiso para establecer una Hermandad de la Virgen del Carmen en la ciudad de San Juan. La contestación oficial llega dos meses más tarde, expresando lamentos de que no se pudiese hacer nada por ellos. La Confraternidad de la Virgen del Carmen había existido en la ciudad desde la fundación del Convento de Monjas Carmelitas en el 1651. La Arquidiócesis de San Juan de Puerto Rico no podía permitir la existencia de otra institución con una misma advocación dentro de su ciudad. Armándose con una bula papal publicada en el siglo XVII, la Iglesia negó el pedido a sus laicos.[1] El privilegio de ser las únicas adscritas a la Señora del Carmen permanecería con las monjas carmelitas.

La historia de Santiago y Miguel es solo una dentro de la larga historia de la devoción a la Virgen del Carmen en Puerto Rico. Historia que va más allá del establecimiento de ese primer convento carmelita, historia que comienza con los primeros marinos españoles que pisaron estas costas. Declarada patrona de la Armada Española en 1902, la Virgen del Carmen ha sido patrona personal de sus marinos por mucho más de un siglo. Patrona de varios pueblos españoles, fue traída a bordo por los jóvenes que crecieron con ella. Los testimonios de marinos salvados por la Virgen del Carmen forman parte de la tradición de la Armada mucho antes de su adopción oficial como protectora de sus empresas. Esa devoción ha quedado marcada en las antiguas colonias españolas con largas tradiciones marítimas. La devoción a la Virgen del Carmen en Puerto Rico se observa a lo largo de su historia.

No tenemos evidencia de que Santiago y Miguel hayan obedecido la orden oficial, o de que su Hermandad de la Virgen del Carmen no estuviese ya formada para el momento en que enviaron su carta. Quizás esperaban solo formalizar una asociación que se había formado naturalmente con anterioridad, compuesta por personas que reconocían entre ellas una misma advocación y buscaban el permiso para honrarla con mayor ceremonia. Sin duda, su devoción personal estaba ahí. La negación de un obispo que no vivía el día a día junto a la Virgen no quebrantaría la devoción de Santiago y Miguel. Deconocemos con exactitud en qué consistía ese día a día, pero sabemos que sus protagonistas eran morenos, hecho recalcado en la correspondencia oficial sobre su particular caso, lo que nos provee una pista sobre sus posibles oficios. Moreno, para referirse a una persona de color, automáticamente los distingue del personal eclesiástico que retenía los privilegios sobre su devoción. El moreno en San Juan hubiese tenido trabajos duros de poca paga. Una ciudad portuaria como San Juan dependía de marineros, de trabajadores de muelle y de pescadores que suplieran a los barcos y a la población. Podemos asumir que las vidas de Santiago y Miguel, sin miras a un oficio que debió haber estado relacionado al mar, estuvieron marcadas por éste.[2] La Virgen del Carmen, patrona de la gente de mar, del pescador, del trabajador de muelle, incluso alguna vez llamada patrona de los morenos, se encontraba entre la gente que trabajaba y temía y se encomendaba a ella todas las mañanas.[3] Santiago y Miguel no querían tener que asistir a la catedral para hacer valer su devoción; la Virgen del Carmen, estrella de los mares, no necesitaba un altar, necesitaba estar rodeada de su elemento.[4]

Nota: Este escrito es el primero de una serie de escritos sobre la Virgen del Carmen, aclamada patrona de las gentes de mar. El mismo es producto de una jornada de investigación realizada el verano pasado entre visitas al Archivo Histórico Arquidiocesano y trabajo de campo, persiguiendo a la Virgen del Carmen en sus viajes por el litoral puertorriqueño durante su fiesta, celebrada alrededor de la Isla durante el mes de julio. Lo que comenzó como una búsqueda de sus apariciones terminó siendo una conmovedora colección de historias de vidas; la recolección de los lazos entre la Virgen del Carmen y sus seguidores a través de la historia.

Una bibliografía completa y anotada de los trabajos revisados para la redacción de esta serie se encuentra en el archivo del Centro Interdisciplinario de Estudios del Litoral en Mayagüez, Puerto Rico. Una copia electrónica de la misma le puede ser enviada, si así lo desea.

Favor de escribir a fabiola.enriquez@upr.edu

Corregido y editado por Cynthia Maldonado.


[1] Archivo Histórico Arquidiocesano de San Juan, Gobierno, Correspondencia Gob. Ecco., 1807-1864, G-36, Legajo 1860-1863: “…según la Constitución de Clemente VIII de 7 de diciembre de 1604 y varios decretos de las sagradas congregaciones está prohibido que en una misma población haya más de una hermandad o cofradía de una misma advocación e instituto.”

[2] La carta al obispo reconoce a Santiago y Miguel como vecinos de San Juan. No sería atrevido asumir que estuviesen asentados en el área de Santurce, pero existe la posibilidad de que hubieran vivido en alguno de los barrios extramurales de la ciudad de San Juan, facilitando aún más el acceso a sus trabajos. En todo caso, el San Juan amurallado no era una ciudad blanca, dependiendo de las personas más pobres, que muy pocas veces eran blancas, para sus trabajos pesados. Véase: Women in San Juan de Félix V. Matos Rodríguez y el trabajo de Aníbal Sepúlveda para más información sobre el asentamiento de las áreas aledañas a la ciudad amurallada.

[3] La historiadora Haydée Reichard reproduce la siguiente nana: “¿Para qué quieres niño rubio el cabello si la Virgen del Carmen lo tiene negro?” Haydée E. Reichard de Cancio, Quinientos años de la mano de María. San Juan, Puerto Rico: Editorial Tiempo Nuevo, 1988, p.154.

Así mismo, en las conversaciones que tuve con sus devotos, escuché que la Virgen del Carmen es lo más cercano que los puertorriqueños tenemos a la Virgen de la Caridad del Cobre. Patrona de Cuba, famosamente representada sobre la barcaza de tres marinos y reconocida por su piel negra; también es devoción de la gente de mar. La unión de ambas vírgenes sugiere una transculturación del catolicismo hispano-caribeño, adoptando sus devotos en Puerto Rico a la Virgen del Carmen, en vez de importar una devoción escasamente practicada en la Isla.

[4] Cabe notar que pidieron inscribir su Hermandad bajo la Capilla de la Tercera Orden Franciscana. Independiente de cómo quisieran honrar a su patrona, cualquier hermandad o cofradía necesitaba estar inscrita bajo una parroquia, a modo de supervisión.

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Un comentario en “La Virgen del Carmen en Puerto Rico: Santiago y Miguel (Primera Parte)

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