De visita en Amoná

por Johnny Irizarry Rojas
Detrás del horizonte, cruzando el canal que lleva su nombre, se encuentra un imponente peñón: la Isla de Mona o Amoná, como la llamaban sus antiguos pobladores. El día jueves, 21 de marzo partimos antes de la salida del sol desde la Laguna Rincón en Boquerón. Nuestro propósito: identificar el conocimiento de los cazadores y los pescadores sobre la reserva marina en la isla de Mona y Monito. Tan pronto salimos de la Bahía de Boquerón y nos adentramos al mar, el cielo mostró sus luceros, muchos de los cuales son imperceptibles desde tierra. La belleza de la bioluminiscencia contrastaba con la violencia de la quilla rompiendo las olas. Mientras más nos alejábamos de la costa, más pequeñas se hacían las luces en tierra, pero cada veinte segundos, casi durante una hora, la luz de Cabo Morillos se asomaba.

Pasada la hora, a distancia se veía una luz parpadeante cada cinco segundos, se trataba del “farito” de Mona. Aunque todavía la isla no era visible, a la hora y cuarto ésta se podía distinguir. Primero, unas bobas sobrevolaban las olas, una gaviota solitaria curioseaba y, de pronto, una escuela de delfines aparecía en la proa. En lo alto, unas tijeretas planeaban en círculos. Sin haber transcurrido mucho tiempo, el imponente frontón de Amoná se asomó a la vista. Las aguas se tornaron de un azul claro y hermoso, y parecía que el viento cargaba el fresco primaveral.

Aunque a veces es llamada la “Galápagos del Caribe”, ciertamente la Isla de Mona no necesita reafirmar su existencia ante nada (esto sin menospreciar a Las Galápagos). La variedad de biota es exquisita. Aunque muchas de las especies son exóticas (cerdos, cabros, gatos, ratas, etc.), la isla cuenta con especies endémicas, como iguanas, lagartijos, gekos, orquídeas y algunos tipos de cactus, que son amenazadas por las especies introducidas (exóticas). Las aguas que rodean la isla poseen un color azul muy distinto a las otras aguas de la región. La combinación de las tonalidades de azul, verde y turquesa ofrecen a los visitantes un paisaje edénico. Aunque es un pedazo del paraíso, la isla tiene sus problemas.

Nuestro trabajo en la Mona consistía en identificar el nivel de conocimiento que tenían los cazadores y pescadores sobre la reserva marina. Algunas artes de pesca tienen restricciones en la reserva, ya que en el pasado la sobrepesca amenazó la supervivencia de algunas especies marinas. Pese a las restricciones, a veces es difícil de ceder el “uso y costumbre” ante la regla. Es por eso que el Programa de Educación Marina se encarga de dar a conocer, mediante su campaña educativa, las reglas que se aplican a la reserva y de estudiar cómo el público se acoge a éstas. Aunque los esfuerzos han sido grandes, todavía queda mucho por hacer para lograr una verdadera reserva marina.

Otro de los aspectos importantes en la isla es la cacería. La cacería, más allá de ser vista como un deporte o una afición, es un tipo de control poblacional para las especies exóticas que ponen en peligro a otras, en este caso, las endémicas. Estando en la isla, aprendí cómo los cerdos destruían nidos y devoraban los huevos de iguanas y tortugas marinas. El cerdo, por ser una especie introducida y por el daño que causa, puede cazarse durante la temporada de caza. Otra especie que amenaza, aunque no se caza como los cerdos y los cabros, es el gato. Durante mi estadía, vi y aprendí cómo los gatos cazaban las crías de iguana, tortugas y salamanquesas (gekos). Aunque ha habido incidentes durante la temporada de casería, como el cazador herido accidentalmente por otro, creo que sigue siendo un instrumento con el cual se puede trabajar.

La Isla de Mona es un recurso vital, a veces sub-valorado, por lo que es responsabilidad de todos mantenerla. Sus aguas cristalinas, arenas blancas, especies únicas, arrecifes de coral e impresionantes cavernas son recursos de gran valor y para su deleite. El manejo de las especies es esencial para la recuperación y desarrollo, y nos toca a todos poner nuestro granito de arena.

Le agradezco a Berliz Morales por la oportunidad de ser parte de este proyecto. Al sargento Calderín, a los vigilantes Sánchez, De Jesús, Miranda y a los empleados, Jael, Raúl y Geovanny por su tiempo y atenciones. Si desea saber más sobre este maravilloso recurso, visite la página del programa Sea Grant de la Universidad de Puerto Rico. En la sección de publicaciones, diríjase a la Revista Marejada, la cual tiene una edición sobre la isla de Mona.

Para más información sobre la Isla de Mona pulse aquí.

Nota: El nombre de este proyecto es Education and outreach to promote implementation and compliance of fisheries regulations in Mona Island Natural Reserve, y es uno entre DRNA y NOAA.

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2 comentarios en “De visita en Amoná

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